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Varios facultativos han planteado que la vía parenteral no es necesaria en el tratamiento de patologías del deportista.
Ha habido respuestas contrarias, indicando que es necesaria, e insustituible, la utilización de la vía parenteral para la administración de AINEs, de antibióticos, de infiltraciones intra y periarticulares.
La vía parenteral es necesaria en deporte profesional para conseguir efectos de tratamiento más rápidos y para acelerar la respuesta terapéutica.
También sería necesaria la administración de perfusión endovenosa para el tratamiento de la deshidratación en eventos deportivos masivos, como en cicloturistas y maratones, en que hay un gran número de afectados y podrían ser tratados "in situ" por los servicios médicos de la competición sin tener que saturar los servicios de urgencias.
Las perfusiones deben estar controladas y se deberían notificar.
Hay una opinión respecto a que no se debe dejar utilizar la vía parenteral para tratamiento del cansancio originado por el deporte.
Hay algunos médicos que indican que nunca han necesitado usarla.
Sólo el médico podrá determinar la vía de administración de un medicamente, según las necesidades del paciente y de su patología.
El médico no debe ser totalmente libre en las indicaciones terapéuticas, ya que el médico de club está sometido a presión y puede ocurrir una selección de los menos éticos.
Creer que la forma de administración de medicamentos condiciona malas prácticas solo cabe en la cabeza de profesionales de otros ámbitos o del de la Medicina del Deporte que no ha trabajado en asistencia primaria.
La limitación de las vías de administración terapéutica supone una discriminación y un menoscabo del paciente deportista frente al que no lo es.
La cuestión no es prescindir se esta vía sino limitar a los muy limitados casos en que puede ser necesaria esta vía.
Las opiniones sobre la necesidad de la vía parenteral son mayoritarias. Algunas consideraciones se recogen a continuación:
La vía parenteral se estableció por necesidad terapéutica. No por gusto.
Se debe permitir su uso en caso de patología, previo diagnóstico, historia clínica y pruebas, en indicaciones probadas y basadas en la evidencia, realizada por profesional sanitario, en centro sanitario, en consicones adecuadas, con prescripción y consentimiento.
El médico busca lo mejor para curar al paciente y, para ello, utilizará la vía que considere más oportuna, dependiendo de cada caso.
Hay muchas opiniones contrarias a la restricción de la vía parenteral, aunque algunas de ellas destacan que se debe restringir la utilización de sustancias prohibidas.
Debe haber restricciones a la utilización de la vía parenteral que no atienda a criterio médico.
Antes de la limitación debería haber infromación, educación y aplicación de la buena práctica médica basada en la evidencia.
Respecto a la injerencia en la profesión que supondría la política de no agujas:
El simple título "política sin agujas" ya es una injerencia y, el tono en el que están redactadas las normas, penalizan al médico.
Es el médico el que con su responsabilidad, conocimientos y experiencia, decide la vía más adecuada para administrar a sus pacientes, aunque sean deportistas.
El rechazo a la injerencia en la sagrada actividad profesional y a la inviolabre relación médico-enfermo no debe servir para dar cobertura a los tramposos e inmorales.
Respecto al concepto de que la vía parenteral es una puerta de entrada al dopaje y que es utilizada por el médico para fomentar el dopaje:
Hay opiniones en ambos sentidos, aunque la mayoritaria es que la vía parenteral no es una forma de entrar en el dopaje ni que es utilizada por el médico con fines de dopaje.
Esta vía es una puerta de entrada al dopaje como cualquier otra, especialmente la vía oral (mucho más utilizada con fines de dopaje).
Para fomentar el dopaje, serían más oportunas otras vías.
Este argumento es simplista. Es como si cuando se administra un analgésico opiáceo se dijera que se favorece la drogadicción.
La vía de administración de las sustancias no es dopaje. Dopaje son las sustancias administradas.
Como la vía oral tambien es ampliamente usada con fines de dopaje ¿Se limitará o, incluso, prohibirá tambien, esta vía para administrar medicación al deportista?
No es una vía de entrada al dopaje, aunque el mal uso deesta vía por parte de médicos es interpretado por otros muchos como inductora de dopaje. La cuestión es la banalización del uso de esta vía y su empleo fuera de las indicaciones terapéuticas, entre otras razones, al no resistir a la presión de deportistas y entenadores para recibir ayuda ergogénica farmacológica.. En ocasiones, el uso de esta vía acaba sustituyendo otras prácticas de recuperación, como la adecuada alimentación, más eficaces y con evidencia científica.
El que quiere doparse puede hacerlo por cualquier vía, se limite o no la parenteral.
Respecto a la forma de control de los profesionales que realizan acciones punibles por sus actos profesionales:
Se proponen sanciones económicas, laborales y penales para los que violen las normas de dopaje y para los que obtengan un enriquecimiento ilícito e inmoral.
Pero no se debe caer en un control policial de las actuaciones éticas y profesionales del médico en el ejercicio de su profesión.
Los médicos o sus asociaciones (coolegios profesionales, asociaciones de especialistas) son los que deben protocolizar y controlar los actos médicos.
Hay muchas opiniones que no están de acuerdo con la normativa de la AMA-WADA respecto a la prohibición de las perfusiones endovenosas
Hay circunstancias de la competición, especialmente la deshidratación en que es necesario su uitilización y en las que el traslado al hospital es problemático o, incluso, imposible.
Tal como está redactada es inaceptable. Limitar a lo legítimo en admisión hospitalaria o revisión clínica es escaso y deficiente. Debería estar escrito indicando que solo se puede emplear esta vía en las situaciones patológicas en las que se acepta el tratamiento por existir indicación basada en al evidencia.
Es aceptable el principio de que la normativa anti-doipaje puede y debe limitar ciertas prácticas médicas que solo serían posibles bajo la autorización de uso terapéutico.
Es una clara intromisión en la libertad que debe tener cualquier médico para tratar al paciente con la medicación que estime más conveniente en cada caso, incluyendo la vía de administración adecuada.
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